Estaba feliz revisando mis correos en un ciber-cafe (porque lamentablemente ya no hay internet en la casa), cuando repentinamente la pantalla se apaga… un virus? nah… para mi sorpresa no fuí al único que le sucedió este percance: a todos en el ciber les sucedió lo mismo. Todos con la misma expresión de estupefacción en la cara, todos espectantes a la reacción del encargado que trataba de ver el tablero eléctrico; pero la situación se escapaba a la manos del encargado… el corte de luz era en toda la ciudad.

¿Qué hago ahora?
¿Qué hacemos ahora?
¿Qué hace una ciudad como Calera sin electricidad?

No me queda más que pagarle al encargado y salir, salir tras la aventura de la no-electricidad. Por suerte andaba con mi mp3, así que le puse un poco de musica a la aventura. Cuando salgo todo es caos: muchas personas salían de los locales que no tenían más remedio que cerrar, otras poseían una cara de tristeza al ver que sus compras navideñas se frustraban… yo en cierta medida me sentía liberado. He vuelto a la realidad, y me muevo lentamente entre el caos… reconozco que en cierta forma disfruté del momento.

Ariel! Recuerdo que él se encotraba trabajando, así que no encontré mejor panorama que ir a visitar a un viejo amigo a su lugar de trabajo. Por mientras admiro el paisaje urbano perturbado por la situación de NO-ELECTRICIDAD que había en Calera, y veo cómo las grandes tiendas son las únicas que pueden seguir lucrando en situación tan extrema como ésta (por lo menos para los comerciantes): los generadores que poseían hacían ver a estas tiendas como verdaderos oasis para los compradores compulsivos.

La luz baja y la oscuridad comienza lentamente a colarse en las calles de la ciudad. Vaya… lugares tan llenos de vida por las noches ahora parecen ser los lugares más fríos y tristes de la ciudad… los carabineros trataban de hacer la labor de los semáforos, los conductores por primera vez manejaban con cuidado, y los peatones jugaban con sus celulares a cuál era el más brillante… pero la oscuridad irremediablemente devoraba todo a su paso, incluso la tranquilidad con la que hasta hace un rato tenía al caminar…  Pero no por mucho tiempo. Un milagro de la naturaleza, un hermoso regalo que todos los meses se nos da y que a veces por la misma luz de la ciudad olvidamos ver: La Luna llena aparece por entre los cerros para brindarnos su tenue pero reconfortante luz. Me paralizo a ver la majestuocidad de su figura, no puedo evitar sentirme seducido por su calidez… era algo que sabía que se me había regalado y que no debía rechazar.

La vida está llena de momentos especiales, y a veces nos empeñamos en ignorarlos, tal vez por vivir en un mundo acelerado, tal vez por estar cegados por una meta enorme y que consume todas nuestras energías… pero también se nos brindan momentos que nos hacen recordar el valor de las cosas simples. Un corte de luz en mi caso me dió varias cosas: me hizo pensar, me hizo admirar una enorme luna, me dió una tarde de domingo diferente junto a una grata compañía… Como nunca creo que todo lo que sucede en nuestras vidas encierra una misteriosa consecuencia, y me emociona el creer esto. Ya no temo a lo malo que podría llegar a suceder, sé que todas esas situaciones amargas encierran un bien mayor. Tal vez no lo sabré en el momento, tal vez no lograré comprenderlo en mucho tiempo; pero ese bien llegará…

“kyou no namida wa hora, asu nochi kara ni shite…”
“veremos que con las lágrimas de hoy, conseguiremos fuerzas para mañana…” – Fruits Basket.

Hasta pronto!