Domingo por la noche. Parte de la rutina antes de volver a la universidad es ir a comprar los alimentos para la semana: leche y fideos. Todo normal, los fideos y la leche estaban en el lugar correcto, en el lugar de  siempre. Nos vamos a la caja con papá, y aunque quiso ir a otra yo seguí derecho y alegué “Esta caja está vacía”. La rutina era la misma, una chica llamada Jessica estaba a cargo de la caja. O por lo menos su credencial decía eso. “Paga con tarjeta de crédito?” – me dice –  “No gracias, en efectivo”  – fue lo que respondí casi como un libreto de un teatro, una representación que todos los Domingos por la noche se repetía. Pero esta vez, la cajera me queda observando y con una sonrisa en la cara me dice “Niño de la ovejita…”

…………

Aquel bucle interminable de la rutina dominguera había sido roto. Sus palabras, fueron tan inesperadas como sorprendentes. – “Jojo, ahora todos me conocen”  – fue lo único que atiné a decir… una respuesta bastante vacía por lo demás; creo que efecto de la misma estupefacción en la que estaba.

Sonriente eché los fideos y la leche en la bolsa biodegradable del supermercado, y un “Chao muchas gracias” fue mi despedida. Me respondió con una bonita sonrisa.

Niño de la ovejita… qué manera de iniciar la semana.

Nunca pensé que podríamos llegar a ser tan conocidos...

Nunca pensé que podríamos llegar a ser tan conocidos...