Viernes por la noche. La luna llena sobre mí, lenta, segura, distante. Su reflejo sobre el mar hace que todo el puerto se vea aún más iluminado, casi como si fuera una postal. Yo? Sentado frente al computador. Los amigos de siempre conectados en el chat, mientras yo intento hilar ideas, juntar frases que de hace mucho tiempo he querido escribir pero que, acudiendo al título, las “pensaba escribir a futuro”. Esto que estoy viviendo ahora, es mi futuro. Esa serie de acontecimientos postergados en algún momento de mi pasado – medida igualmente relativa que decir futuro – los estoy intentando de empezar a realizar ahora, el presente. Y es que pareciera que el tiempo se dilata y se contrae día a día… minuto a minuto me atrevería a decir. Antes el enviar un correo tomaba días, ahora sólo unos breves segundos… te demoras más en darle un valor al mensaje más que darle un valor al medio de transporte. La conectividad llega a niveles insospechados, se ha complementado con la vida real de tal manera que se está volviendo cotidiano el pasar horas y horas delante de un monitor… y ahí el tiempo, dilatándose, contrayéndose. No hay nada que hacer? Los minutos parecen infinitos. Hay mucho que hacer? Los minutos pareciesen que caminaran al doble de rápido. Si vemos así al futuro, como aquellos eventos que potencialmente podrían suceder en un tiempo más, nos vamos a dar cuenta que también son afectados por ese tiempo moldeable, irregular. Sin seguridad para nada, no nos queda más que esperar expectantes por lo que viene, o esperar con ansiedad por lo que viene. Hago distinción porque sólo una de las dos es buena. No podemos olvidar que vivir el futuro es una utopía. Y dije más arriba justamente lo contrario, para aclarar que esto no es futuro, es presente. Y es que vivir en el futuro, no es más que realizar lo que en el pasado te propusiste, no tiene ninguna otra cosa más mágica que esa. Entonces qué nos queda! El futuro es algo incierto, inestable, el presente es lo real, lo concreto, atemporal: no tiene duración, no se dilata, no se contrae… sólo está quieto, implacable. Mucha gente desconfía, tiene miedo de lo que podría pasar. Otras personas arman sus vidas sobre ese futuro inestable, con resultados igualmente inestables. No quiero decir que con esto no se puedan tener metas, claro que no, los sueños son parte importante de nuestras vidas… pero por algo se duerme unas 8 horas diarias: el resto se debe vivir. Se debe sentir, se debe disfrutar como si el mañana fuera algo que quizás, sólo quizás, no alcancemos a ver. Si llegases a morir hoy, qué es lo que quedaría pendiente? Es algo que se pueda traer al presente? Es lamentable como muchas de esas cosas sí se pueden traer al presente, pero es sólo nuestra falta de motivación la que evitan que las podamos alcanzar. Peor aún, incluso hay gente que posterga su felicidad para el futuro… siendo que la felicidad y el amor son sentimientos que sólo pueden vivir en el presente. Personas se refugian en su pasado para sentirse menos solas, otras personas se refugian en su futuro sin poder mirar a su alrededor. Hay de todo. Es más, yo creo que todos hemos escapado más de una vez de nuestro presente para querer jugar a la Máquina del Tiempo y así ir a una época donde nos sintamos más cálidos, pero lamentablemente, al hacer esto, también estamos alejándonos del amor verdadero, de la felicidad verdadera: no se puede vivir de recuerdos, ni tampoco de sueños. La vida es muy linda, pero muy compleja también. Muchos detalles que observar, muchas emociones que vivir. No hay espacio ni para el pasado ni para el futuro. Tratemos de minimizar su uso y así volvámonos personas presentes, existentes.