Este blog ha sido testigo de mis más grandes descargas emocionales. Cuando he estado muy bien, he escrito aquí. Cuando he estado muy mal, he escrito aquí. Cuando he tenido miedo, o emoción, o simplemente un gran sueño que alcanzar, he escrito aquí. Todos esos sucesos, no son más que momentos. Momentos que aparecen en mi vida repentinamente, momentos que se alzan entre la rutina de un diario vivir para marcar, de una u otra manera, mi forma de ser. Es impresionante leer cada una de las entradas de este blog y darse cuenta que están asociadas a algún momento importante en mi vida; quiere decir que al menos he vivido, he sentido, he reído y he llorado. Sí, este blog ha sido la prueba infalible de que he estado vivo, de que no he sido un muerto viviente después de todo.

Este año en particular ha sido un momento. Una burbuja dentro de lo que ha sido mi vida, un cambio radical a todo lo que llamaba rutina hace un año atrás. En muchos sentidos fue casi un renacer. Y lo digo porque para volver a nacer, primero hay que morir. Tampoco quiero sonar muy dramático, pero sí tuve un duro inicio de año. Tristezas del corazón que demuestran lo intenso que había llegado a sentir, acabaron con una etapa de mi vida en la que una utopía podía ser motivación para vivir. Sin embargo, ese mes que viví en el limbo, acabó de una manera realmente increíble. Sin darme cuenta, sin previo aviso, de un momento a otro me vi rodeado de personas, en aquel momento desconocidas, cuyo español no era su lengua nativa. Increíble: sin haberme movido del país, sentí que era un estudiante de intercambio.

Desde ese momento, los meses pasaron rápido. Entre fiestas, estudios, sonrisas, recuerdos y, como aparece en el título de esta entrada, momentos. Porque es increíble como este año ha estado lleno de momentos, de recuerdos estáticos, de situaciones irrepetibles que se vuelven verdaderos tesoros en mi vida personal. Pensando en que cada una de esas personas que han venido del extranjero a vivir un par de meses a este país se han llevado recuerdos eternos de vuelta a sus países natales, yo sin moverme de aquí, he tenido una experiencia igual de rica e irrepetible. Sin haberme movido del país, he vivido realmente una experiencia de intercambio cultural gigante. Quizás no he vivido el shock cultural que implica el desplazarse hacia otra cultura; sin embargo, en muchas ocasiones, sentí que era yo el ajeno en un mundo dominado por el alemán o el inglés. Aún así sentí lo que es vivir otra cultura; aún así, aprendí a valorar lo que soy y lo que represento aquí y en el resto del mundo. Aún así, aprendí que aunque seamos de mundos completamente diferentes, siempre habrá algo que nos una. Sea la música, sea la televisión, sean los sueños… siempre hay algo que te conecte con el resto.

Pero el año aún no termina, y a medida que avanzan los meses me sorprende una y otra vez. Es así como en este momento estoy escribiendo, ya que llevo una carga emocional gigante sobre mí. Es increíble, es realmente casi un sueño, los días que en este momento estoy viviendo. Un relato surrealista marcado por salidas, por atardeceres, por recuerdos, por ternura, por cariño, por amistad, por romance, por detalles y claro, por sonrisas. Es increíble darse cuenta que día a día estás viviendo un momento, un recuerdo, un suceso eterno en tu vida. Soy inmensamente feliz; no puedo ocultar mis sonrisas a diario, me es imposible dejar de pensar que soy el ser más afortunado del mundo. Y es que cuando creía que este año había sido especial e irrepetible por todos los momentos que había acumulado durante los últimos meses, sucede que aparece alguien que se encarga de entregarme los momentos más especiales que he vivido en mi vida entera! Porque si este año ha sido el mejor que he tenido en mucho tiempo, y este es el mejor momento que he tenido durante este año, puedo decir con autoridad que estos han sido los mejores momentos que he tenido en mucho tiempo, en muchos años, quizás una vida entera.

Lamentablemente, hay un problema con los momentos. Si bien son eternos, éstos son breves. Son recuerdos tan intensos, pero que lamentablemente se realizan durante cortos períodos. Por más que he intentado alargar mis momentos para que duren lo máximo posible, es imposible que sean infinitos. Su recuerdo será eterno, no lo niego, pero no se puede hacer una vida de sólo un momento. Y quizás ese es mi problema en este momento: deseo que mi vida entera sea un momento que dure para siempre con la persona que yo más quiero. Sin embargo, el desafío ha quedado en evidencia. La terapia del blog ha funcionado una vez más, y he encontrado la respuesta que necesitaba: La vida no se trata de un momento infinito. Se trata de muchos momentos. Se trata de que hayan pequeños espacios entre una situación y otra; de que cambies, de que mutes, de que te transformes. Cada uno de tus momentos podría tener a los mismos protagonistas siempre, pero cada momento será distinto al resto. No me concentraré más en hacer que mis momentos sean infinitos, sino que me concentraré en que cada momento sea único. Me concentraré en que existan muchos momentos más durante este año, y que su recuerdo me acompañen siempre. Y es que ni el tiempo ni la distancia pueden eliminar los buenos momentos vividos junto a alguien; los recuerdos y el cariño son más fuertes que cualquier distancia física o temporal.

Así que mi desafío está claro: me llenaré de momentos junto a la persona que más quiero. Me preocuparé de que sean inolvidables. Me preocuparé de que nunca borre la sonrisa de su rostro, ni que yo la borre de la mía. Viviré la magia de cada momento, así como la carga emocional que tenga cada uno de ellos. Haré que este sea el mejor año de lo que llevo de vida, y que la gente a mi alrededor también lo disfrute junto a mí.

Dejé de desear vivir en un sueño, porque, junto a tí, mi vida es mejor que cualquier sueño. No importa lo que suceda mañana; mi presente, aunque sea breve, será tuyo🙂