Hace unos días una buena amiga me propuso escribir sobre cuál era mi concepción del éxito en determinada actividad. Sin querer pasé mucho tiempo dándole vueltas al asunto, pensando en qué cosas son las que para mí constituyen símbolos de ser alguien exitoso en la vida. Lejos de cualquier definición de diccionario, en un determinado momento de la semana una frase me dejó pensando mucho más de lo que supongo habrá imaginado la persona que me la dijo:

Sé tu mismo, siempre.

Me dejó pensando no porque sea algo nuevo para mí, sino que porque era el resumen de lo que siempre, inconscientemente, había pensado como éxito: Llegar a ser quién tú quieres ser. Es cierto que una buena calificación o una felicitación luego de terminar una complicada tarea también son motivo de éxito en nuestra vida; sin embargo, podrás triunfar en todo, pero aun así sentirte un desgraciado si no es lo que tú deseabas para ti. Los verdaderos éxitos, los verdaderos triunfos, no son aquellos que celebra el resto del mundo por ti, o los que socialmente se te han impuesto como motivo de felicidad: los verdaderos éxitos son los que se consiguen haciendo lo que verdaderamente deseamos hacer.

¿Por qué a veces cuesta ser uno mismo? Principalmente por miedo. Han sido innumerables las veces que he escuchado a las personas decir como respuesta a algún objetivo ambicioso frases del estilo “es que eso no es lo normal” o peor aún, “es que no tienes que ponerte metas tan altas”. Frases que de verdad me apestan. Me es imposible pensar en la normalidad como objetivo de vida, porque es un concepto que está peligrosamente cerca de la uniformidad y la rutina. Claro, quien no arriesga mucho tampoco pierde mucho, y la estabilidad que entrega la rutina en muchos casos se transforma en droga que convierte a las personas en verdaderos muertos en vida, haciendo una y otra vez lo mismo y peor aún, sintiéndose frustrados día a día. ¿Por qué no permitirse soñar un poco y esforzarse por esos sueños? No se trata de vivir soñando, se trata de poner un norte en tu vida y caminar hacia él. Como un profesor una vez dijera en su última clase, “las utopías, si bien son sueños inalcanzables, tienen la particularidad de definir direcciones en nuestra vida”. Es precisamente ese el mensaje que intento entregar también. El ser uno mismo implica sentirse cómodo con lo que se hace, con lo que se aspira y con lo que se sueña. Implica levantarse todos los días con la convicción de que eres una persona valiosa en este mundo y eres capaz de hacer las cosas no sólo por los demás, sino que también por tu propia felicidad. Se trata de reservar un espacio para sí mismo y darse la licencia, al menos de vez en cuando, de poder huir de los consejos sensatos para luchar por algún sueño. A veces, con un poco de esfuerzo, hasta los más locos de los sueños se cumplen. Claro, quizás seguir una filosofía un poco transgresora tiene la dificultad de que la gente estará aún más pendiente de tus éxitos o fracasos, o peor aún, culpará tu propia forma de ser a los problemas que te puedas enfrentar. En una sociedad donde las apariencias tienen más importancia que el contenido, el ser considerado por lo que se ES y no por lo que se aparenta es algo cada vez más difícil de encontrar. Pero a lo largo de los años he conocido a gente muy especial y que sí vale la pena mantenerte cerca de ella. Personas con las cuales puedo ser yo mismo, y que ellas también se muestran tal cual son conmigo. Nunca hay que subestimar a los amigos. Son lo más preciado que se tiene (junto a la familia) en épocas difíciles. Son los únicos que son capaces de entregarte sonrisas sinceras cuando tienes éxito en tu vida.

Pero, ¿Qué pasa si se fracasa? Me atrevería a decir que mucha gente que ha renunciado a ser ellas mismas (y por consiguiente también ha renunciado a sus sueños) ha sido porque se ha sometido a algún tipo de frustración, sobretodo social. Creo que uno de los puntos más críticos en el camino hacia el éxito es el saber lidiar con los fracasos. A nadie le gusta fracasar, y ver como muchas veces el éxito de nuestras acciones ni siquiera depende de nosotros puede resultar terriblemente frustrante. Sin embargo, en momentos como esos es válido refugiarse en familia y amigos, y por qué no, en nuestra propia fortaleza. No todo está perdido. De hecho, los fracasos tienen la particularidad de cambiar direcciones, de re-proyectar tu vida. Si una ilusión ha sido rota, o si una proyección de nuestro propio futuro se ha vuelto imposible de concretar, es momento de cambiar de dirección y seguir soñando. Nuestros cerebros han evolucionado de tal manera que a cada instante intentamos predecir el siguiente, y quizás también por eso nos preocuparnos mucho en crear un futuro para nosotros mismos. Es bueno soñar con un objetivo, pero no hay que olvidar que la vida está en el presente, en el momento actual. Es ahora el momento de actuar, no es mañana ni en 10 meses más. Aunque es súper cliché, esta frase resume muy bien el espíritu lo que acabo de escribir: “no hay que preocuparse, hay que simplemente ocuparse”. Esa es la clave, incluso en los fracasos. No hay que pensar en lo perdido, sino que en la manera de continuar con tu vida. Y una vez que se encuentra esa manera, simplemente actuar. Tomar las riendas de tu propia vida y seguir adelante, que la vida es muy corta para detenerse en fracasos. Si una persona logra tomar a los fracasos como opción, el miedo se reduce considerablemente y simplemente se actúa. El camino al éxito, el camino a ser uno mismo, implica estar preparado para fracasar y recuperarse lo más rápido posible en pro del objetivo planteado.

Puede resultar difícil poder seguir estos principios muchas veces. Sin embargo, por mucho que se sufra, vale la pena intentarlo. He reído y llorado con intensidad, he disfrutado éxitos, lamentado fracasos y bueno, aquí estoy vivo. Más vivo que nunca. Soy un convencido que para sentirse feliz primero hay que conocer qué significa estar triste, y vaya que he sido feliz en el pasado. Quizás ahora estoy en momento de re-proyectar mi futuro y no siempre me encuentre animado; sin embargo, estoy emocionado de no saber lo que el mundo me prepara para los siguientes meses, los siguientes años. Si he vivido momentos inimaginables en el pasado, estoy seguro que vendrán muchos momentos aún mejores. Estoy emocionado por salir a descubrirlos.

Nunca hay que dejar de ser uno mismo. Vive tus propios sueños y disfruta de lo que haces día a día. Nunca es tarde para re-comenzar.