Escenas Surrealistas

Hace unos diez años atrás, todo comenzó. Recuerdo cómo la chica que en ese momento, era mi amiga más cercana, se sorprendió de sobremanera cuando le confesé que me gustaba, y que me encantaría estar junto a ella como algo más que amigos. A veces las cosas pasan sin darnos cuenta, a veces las cosas simplemente suceden de una manera que nosotros jamás terminamos de comprender. Jamás imaginé que aquel momento sería el comienzo de una transformación en mi vida.

Creo que tuve suerte de haberle confesado lo que sentía. Las cosas no funcionaron como yo quería, no fui correspondido. Sin embargo, la profundidad de nuestras conversaciones era algo que lo hacía aún más especial por el simple hecho de que ambos teníamos 14 o 15 años. En ese momento fue cuando por primera vez sentí que no era para nada de malo demostrar lo que tu sentías, fuese o no correspondido. Me propuse empezar a sentir con intensidad, a vivir la vida a concho sin que fuese limitado por las opiniones de los demás.

Lo que vino fue simplemente hermoso.

Con uno de mis mejores amigos decidimos entrar a un taller de cine y video. Si bien el presupuesto era pequeño, y nosotros no éramos más que estudiantes de secundaria, empezamos a soñar con la idea de poder materializar nuestras ideas e historias en cintas magnéticas que después podríamos ver y recordar. Vaya que funcionó. Nunca fuimos demasiado exitosos en nuestros cortometrajes pero sin embargo, el orgullo que sentimos al finalizar nuestro primer cortometraje, doble traición, era más que suficiente para sentirse satisfecho. Me encantaba sentir que aunque fuésemos estudiantes de secundaria teníamos el poder de hacer cosas que hasta pocos meses antes parecían imposibles de realizar a ese nivel.

Y siempre el mismo pensamiento volvía a mi mente: “vaya que afortunado soy! Jamás imaginé que podría vivir este tipo de experiencias!”

Algunos años pasan y veo como mi grupo curso se divide al cambiarnos de cursos de acuerdo a nuestras pretensiones futuras. Como pensaba en ingeniería, seguí por el plan de especialización en física. Fue genial. Y es que nuevamente, si bien al principio parecía triste separarse de esos compañeros con los que pasaste casi toda una vida juntos, la verdad es que nuevamente la vida me preparaba hermosas sorpresas. Y esas sorpresas fueron los innumerables momentos que pasé juntos a las increíbles personas que conocí en ese nuevo grupo curso. Personas que al igual que yo soñábamos en grande, en hacer cosas más allá de lo que acostumbraban hacer los chicos a mi edad, pero sin presionarnos ni estresarnos. Todo era un juego. Así, el team Foca nacía y con él un montón de recuerdos que hasta el día de hoy nos acompañan. Es genial darse cuenta que si bien han pasado unos 8 años de aquel entonces, la amistades conseguidas en esa época siguen igual de fuertes.  Todos hemos cambiado y hemos seguido caminos diferentes, sin embargo nuestros recuerdos junto a electroveja o a los movimientos pélvicos nos seguirán siempre.

Nuevamente sentía que era capaz de hacer lo que quisiera, pero aún me limitaba el hecho de no tener nada. Nada porque siempre mis padres fueron de pocos recursos, y mis hermanas que recién comenzaban a ser profesionales, tenían también sus propias obligaciones. Sin embargo, una nueva escena surrealista sucede en mi vida. En mi casa no se solía comprar el periódico. Pero se compró en la semana justa, del mes justo, del año justo. Aparecía un aviso para becas que ofrecía la empresa más grande de la ciudad en la que vivía, con la promesa de pagar toda la universidad si es que la obtenías.

Y la obtuve. Y estudié gratis durante los 6 años que tomaba mi carrera.

Un momento muy lindo fue al final, cuando tuve que volver a la empresa a dar mi experiencia con respecto a la beca. El contarles mi historia de cómo conseguí tanto sin haber empezado con nada, hizo que incluso la relacionadora pública de la empresa terminara emocionada hasta las lágrimas, por el simple hecho de que le demostraba que los sueños eran posibles si es que te lo proponías con suficientes ganas. El orgullo y felicidad que me proporcionaba ese momento me hacía sentir la persona más afortunada de todas.

La universidad, si bien consistió en un proceso muy largo, fue también un proceso muy lindo. Muchos momentos sentía cómo me quedaba sin recuerdos, sin experiencias, justamente porque tenía tanto que hacer y poco tiempo para poder disfrutar con amigos. Pero nuevamente, todo sucedía por algo. Y si bien hubieron momentos muy duros, de trasnoches infinitos y de cursos reprobados, gracias a los amigos incondicionales, a esos compañeros que luchan por un mismo fin que aquel por el que tu luchas, pude aguantar y conseguir notas suficientemente buenas para incluso dar un salto más allá y postular a un plan de post-grado. Sí, aquel mismo chico que sin tener nada entró a una de las mejores universidades del país a estudiar gratis la carrera que él quería. Pero debo reconocer que no di ese salto por mi propia cuenta. Fue porque tenía un apoyo gigante de gente que me quería a mi alrededor: familia, amigos, pareja. Y especialmente fue mi pareja de ese entonces quien sin saberlo aportó con una de las motivaciones más grandes que he recibido en mi vida para hacer lo que yo quisiese: esta vez, no importa no tener nada. No importa de dónde vienes, no importa lo poco que puedas poseer, sean cosas materiales o sean también conocimientos. Si de verdad quieres ser el mejor, lo puedes ser. No será gratis ni fácil, pero si lo deseas, lo puedes. Con convicciones así de fuertes comencé con el plan de master.

Sin embargo, una de las experiencias más surrealistas estaría por suceder.

Por el año 2011 me enteré de que la beca de residencia, que me permitía vivir cerca del campus durante el tiempo de clases, se terminaba de manera irrevocable ya que había cumplido con el plazo máximo de uso de cinco años. Mi hermana, quien también estudió en la misma universidad que me acogió a mí, siempre tuvo como sueño el volver al cerro donde pasó sus mejores años de juventud. Casi como una broma, ella me escribe “y si compro un departamento cerca de la universidad? Así tu puedes vivir en él y te encargas de arrendar los otros dormitorios”.

Jamás pensé que hablaba en serio. En menos de una semana, ya estaba firmando el compromiso de compra.

Nuevamente, una escena surrealista estaba sucediendo. De no pasar nada a tener demasiado. Y es que no me refiero al hecho de que tuviera un lugar donde vivir, sino que además fue el inicio de lo que serían mis mejores años en la universidad, años que incluso no se hablaron sólo en español.

La tarea de arrendar los dormitorios del recientemente adquirido departamento fue en un principio preocupante. El tener que vivir con gente desconocida y que además tuviese que encontrarle al principio fue motivo de preocupación. Sin embargo una idea, de esas que parecen locuras, surge y se decide publicar un aviso del departamento en la oficina de asuntos internacionales de la universidad. En ese momento mi ex novia bromea con la idea, diciendo lo imposible que era que una chica extranjera llegara a vivir sola con un latino. Su sorpresa fue mayúscula cuando terminé viviendo con dos chicas extranjeras, que sí querían vivir con un latino.

La cantidad de recuerdos de ese año es impresionante. Fiestas, paisajes, y muchos nuevos amigos. Sentir que el mundo es más pequeño de lo que crees, y que aunque seas de un país en vías de desarrollo tienes mucho qué entregar, hizo sentir que los límites eran cada vez más pequeños. Podía entablar una conversación con una persona de algún país que jamás había visitado, y sin embargo teníamos mucho en común. Tanto así, que una de esas chicas que venían de otras tierras llegó a transformarse en alguien muy especial para mí. Las fronteras simplemente se eliminaron y sin darnos cuenta estábamos envueltos en una historia llena de momentos surrealistas, con una ciudad igual de surrealista como lo es Valparaíso. Más que nunca, llegué a amar a esa ciudad. Es el mejor escenario para crear una historia, un cuento de hadas. Y aunque hubo una despedida, la promesa de que sería un hasta pronto en vez de un adiós, calmó aquel momento que hasta ahora recuerdo como uno de los más tristes de mi vida.

Mirar hacia atrás es algo que suelo hacer de vez en cuando. No para añorar los viejos recuerdos, sino que para ver qué tanto he subido desde la última vez que miré hacia atrás. Es increíble la vista que he conseguido. Me parece increíble cómo los pequeños detalles que pasan invisibles en su momento se transforman en verdaderos puntos de inflexión para el futuro. Es impresionante notar lo poco lineal que puede ser tu vida si eres capaz de dar pequeños saltos de fe de vez en cuando. Y es que contando con el apoyo de tanta gente especial a mi alrededor, he sido capaz de dar saltos gigantes que me han llevado cada vez más y más lejos. Tan lejos como la ingeniería, tan lejos como el master, tan lejos como incluso ser asistente de investigación en una universidad extranjera. Motivado entre el deseo de volver a ver a la chica que tantos momentos felices me había entregado, el mejorar el inglés que había demostrado ser insuficiente para entablar una conversación fluida y la constante promoción que tanto jefes y colegas hacían del plantel californiano al que me interesaba asistir,  postulé a la beca que me llevaría por unos meses a vivir la experiencia de estudiar y trabajar en una universidad extranjera. Gratis.

“Felicidades Fabian!” – no entendía por qué una amiga me felicitaba por un mensaje instantáneo. “te vas a Estados Unidos!” – esa frase me dejó helado. Podía ser posible de que hubiese obtenido la beca? Los postulantes eran los mejores alumnos de las mejores universidades del país, y ese mensaje estaba diciéndome que había conseguido, gracias a las recomendaciones de profesores y de mi desempeño en los años anteriores, de una beca que me llevaría gratis al otro lado del mundo. Era increíble. Increíble porque nunca fue mi objetivo sacrificar mi vida social por tener buenas calificaciones y sin embargo, fueron suficientes sacrificios para ser recompensado con una experiencia completamente nueva e increíble. Cuando supe una de mis mejores amigas estaba junto a mí. Fue quien me contuvo y me golpeó lo suficientemente fuerte para darme cuenta que no estaba soñando, que todo lo que estaba pasando era real. Me estaba pasando a mí, nuevamente era el protagonista de mi propia historia. Mi padre feliz, mi madre con un “por favor vuelve” como reflejo de su miedo a que no volviera, mis hermanas orgullosas de mí. Una de mis hermanas, abrazándome entre lágrimas me dice que está feliz de que todo el esfuerzo que todos en mi familia habían puesto en que yo llegara al lugar donde estaba, me llevara aún más lejos. Nuevamente el flashback que recorre toda mi vida y el hecho de que mi familia en ningún momento me limitó a conseguir mis sueños, fue lo que me hizo sentir el ser más afortunado del mundo.

El tiempo pasó veloz, ya sea por los constantes deberes que un estudiante de postgrado tiene que realizar o por la ansiedad de iniciar el viaje que me llevaría al otro lado del mundo. Los momentos surrealistas aparecen una y otra vez en mi vida, de la mano de sensaciones increíbles que vivo junto a personas increíbles que aparecen para apoyarme, para hacerme sentir especial. Historias de atardeceres, de paseos por la playa, de conversaciones eternas y de besos inesperados hacen que sienta que no hay mejor lugar ni momento en mi vida que aquí y ahora. Y sin darme cuenta, los meses pasaron tan rápido que ya estaba sentado en un avión hacia un lugar al que jamás había ido, con un idioma que tampoco era el que dominaba.

Lo que venía no dejaba de ser surrealista. Vivir una experiencia en otro país como la que estoy viviendo, es aún mejor cuando la gente a tu alrededor pareciese que esperaba por ti. Sentir que aunque no seas del lugar eres capaz de calzar e incluso compartir tus historias de vida como algo interesante de ser escuchado, me hace sentir aún más feliz. Siento que las mayores cualidades que cualquier persona puede tener para enfrentar al mundo es una sonrisa y una historia que contar. Ambas me han abierto un sinnúmero de experiencias hermosas a lo largo de toda la vida, y me han entregado la mejor de las disposiciones de toda la gente a mi alrededor. Y el mejor de los premios es cuando eres capaz de contagiar tu propia sonrisa a alguien más. Porque si bien sobran razones para ser feliz, hay momentos en las que una sola razón para estar triste es más fuerte. Todos sufrimos alguna vez, pero es en ese momento en el que puedes cosechar todas aquellas sonrisas que sembraste a lo largo de tu vida. Los momentos más tristes que he tenido han sido donde he conocido de verdad a la gente a mi alrededor, han sido los momentos más tristes los que me han traído cerca a los seres más especiales e importantes de mi vida.

Hace un día cumplí los veinticinco años. Miro hacia atrás y me doy cuenta de lo afortunado que he sido. Me dan ganas de decir un gracias a cada una de las personas que ha dejado alguna marca en mi vida, ya que lo que actualmente soy es la suma de todas las cosas que he vivido en todo este tiempo. Es la suma de todas las experiencias que he compartido con un montón de gente especial e irrepetible. Soy afortunado en todos los sentidos, y me hace sentir feliz que todas las escenas surrealistas que he tenido en mi vida, fueron jamás siquiera imaginadas. Y si jamás fueron imaginadas, quiere decir que aún hay más escenas surrealistas esperando por ser vividas. Tengo todas las ganas de hacer de mi vida aquello que yo deseo hacer de ella. No dejarme vencer por mis miedos ni por mis debilidades. Y si tengo que sufrir una y mil veces por conseguir un objetivo, lo aguantaré con la esperanza de que al final todo se explica, todo se justifica. Si todo lo que he sufrido ha sido necesario para estar aquí, escribiendo este texto en un tren de medianoche que se encuentra cruzando media California, estoy seguro que lo viviría una y mil veces.

Gracias por hacer que estos 25 años hayan sido tan surrealistas, tan felices. Me siento demasiado afortunado de cada una de las personas que ha pasado en mi vida y ha dejado un recuerdo en mí.

 

momentos

Este blog ha sido testigo de mis más grandes descargas emocionales. Cuando he estado muy bien, he escrito aquí. Cuando he estado muy mal, he escrito aquí. Cuando he tenido miedo, o emoción, o simplemente un gran sueño que alcanzar, he escrito aquí. Todos esos sucesos, no son más que momentos. Momentos que aparecen en mi vida repentinamente, momentos que se alzan entre la rutina de un diario vivir para marcar, de una u otra manera, mi forma de ser. Es impresionante leer cada una de las entradas de este blog y darse cuenta que están asociadas a algún momento importante en mi vida; quiere decir que al menos he vivido, he sentido, he reído y he llorado. Sí, este blog ha sido la prueba infalible de que he estado vivo, de que no he sido un muerto viviente después de todo.

Este año en particular ha sido un momento. Una burbuja dentro de lo que ha sido mi vida, un cambio radical a todo lo que llamaba rutina hace un año atrás. En muchos sentidos fue casi un renacer. Y lo digo porque para volver a nacer, primero hay que morir. Tampoco quiero sonar muy dramático, pero sí tuve un duro inicio de año. Tristezas del corazón que demuestran lo intenso que había llegado a sentir, acabaron con una etapa de mi vida en la que una utopía podía ser motivación para vivir. Sin embargo, ese mes que viví en el limbo, acabó de una manera realmente increíble. Sin darme cuenta, sin previo aviso, de un momento a otro me vi rodeado de personas, en aquel momento desconocidas, cuyo español no era su lengua nativa. Increíble: sin haberme movido del país, sentí que era un estudiante de intercambio.

Desde ese momento, los meses pasaron rápido. Entre fiestas, estudios, sonrisas, recuerdos y, como aparece en el título de esta entrada, momentos. Porque es increíble como este año ha estado lleno de momentos, de recuerdos estáticos, de situaciones irrepetibles que se vuelven verdaderos tesoros en mi vida personal. Pensando en que cada una de esas personas que han venido del extranjero a vivir un par de meses a este país se han llevado recuerdos eternos de vuelta a sus países natales, yo sin moverme de aquí, he tenido una experiencia igual de rica e irrepetible. Sin haberme movido del país, he vivido realmente una experiencia de intercambio cultural gigante. Quizás no he vivido el shock cultural que implica el desplazarse hacia otra cultura; sin embargo, en muchas ocasiones, sentí que era yo el ajeno en un mundo dominado por el alemán o el inglés. Aún así sentí lo que es vivir otra cultura; aún así, aprendí a valorar lo que soy y lo que represento aquí y en el resto del mundo. Aún así, aprendí que aunque seamos de mundos completamente diferentes, siempre habrá algo que nos una. Sea la música, sea la televisión, sean los sueños… siempre hay algo que te conecte con el resto.

Pero el año aún no termina, y a medida que avanzan los meses me sorprende una y otra vez. Es así como en este momento estoy escribiendo, ya que llevo una carga emocional gigante sobre mí. Es increíble, es realmente casi un sueño, los días que en este momento estoy viviendo. Un relato surrealista marcado por salidas, por atardeceres, por recuerdos, por ternura, por cariño, por amistad, por romance, por detalles y claro, por sonrisas. Es increíble darse cuenta que día a día estás viviendo un momento, un recuerdo, un suceso eterno en tu vida. Soy inmensamente feliz; no puedo ocultar mis sonrisas a diario, me es imposible dejar de pensar que soy el ser más afortunado del mundo. Y es que cuando creía que este año había sido especial e irrepetible por todos los momentos que había acumulado durante los últimos meses, sucede que aparece alguien que se encarga de entregarme los momentos más especiales que he vivido en mi vida entera! Porque si este año ha sido el mejor que he tenido en mucho tiempo, y este es el mejor momento que he tenido durante este año, puedo decir con autoridad que estos han sido los mejores momentos que he tenido en mucho tiempo, en muchos años, quizás una vida entera.

Lamentablemente, hay un problema con los momentos. Si bien son eternos, éstos son breves. Son recuerdos tan intensos, pero que lamentablemente se realizan durante cortos períodos. Por más que he intentado alargar mis momentos para que duren lo máximo posible, es imposible que sean infinitos. Su recuerdo será eterno, no lo niego, pero no se puede hacer una vida de sólo un momento. Y quizás ese es mi problema en este momento: deseo que mi vida entera sea un momento que dure para siempre con la persona que yo más quiero. Sin embargo, el desafío ha quedado en evidencia. La terapia del blog ha funcionado una vez más, y he encontrado la respuesta que necesitaba: La vida no se trata de un momento infinito. Se trata de muchos momentos. Se trata de que hayan pequeños espacios entre una situación y otra; de que cambies, de que mutes, de que te transformes. Cada uno de tus momentos podría tener a los mismos protagonistas siempre, pero cada momento será distinto al resto. No me concentraré más en hacer que mis momentos sean infinitos, sino que me concentraré en que cada momento sea único. Me concentraré en que existan muchos momentos más durante este año, y que su recuerdo me acompañen siempre. Y es que ni el tiempo ni la distancia pueden eliminar los buenos momentos vividos junto a alguien; los recuerdos y el cariño son más fuertes que cualquier distancia física o temporal.

Así que mi desafío está claro: me llenaré de momentos junto a la persona que más quiero. Me preocuparé de que sean inolvidables. Me preocuparé de que nunca borre la sonrisa de su rostro, ni que yo la borre de la mía. Viviré la magia de cada momento, así como la carga emocional que tenga cada uno de ellos. Haré que este sea el mejor año de lo que llevo de vida, y que la gente a mi alrededor también lo disfrute junto a mí.

Dejé de desear vivir en un sueño, porque, junto a tí, mi vida es mejor que cualquier sueño. No importa lo que suceda mañana; mi presente, aunque sea breve, será tuyo 🙂

Futuro

Viernes por la noche. La luna llena sobre mí, lenta, segura, distante. Su reflejo sobre el mar hace que todo el puerto se vea aún más iluminado, casi como si fuera una postal. Yo? Sentado frente al computador. Los amigos de siempre conectados en el chat, mientras yo intento hilar ideas, juntar frases que de hace mucho tiempo he querido escribir pero que, acudiendo al título, las “pensaba escribir a futuro”. Esto que estoy viviendo ahora, es mi futuro. Esa serie de acontecimientos postergados en algún momento de mi pasado – medida igualmente relativa que decir futuro – los estoy intentando de empezar a realizar ahora, el presente. Y es que pareciera que el tiempo se dilata y se contrae día a día… minuto a minuto me atrevería a decir. Antes el enviar un correo tomaba días, ahora sólo unos breves segundos… te demoras más en darle un valor al mensaje más que darle un valor al medio de transporte. La conectividad llega a niveles insospechados, se ha complementado con la vida real de tal manera que se está volviendo cotidiano el pasar horas y horas delante de un monitor… y ahí el tiempo, dilatándose, contrayéndose. No hay nada que hacer? Los minutos parecen infinitos. Hay mucho que hacer? Los minutos pareciesen que caminaran al doble de rápido. Si vemos así al futuro, como aquellos eventos que potencialmente podrían suceder en un tiempo más, nos vamos a dar cuenta que también son afectados por ese tiempo moldeable, irregular. Sin seguridad para nada, no nos queda más que esperar expectantes por lo que viene, o esperar con ansiedad por lo que viene. Hago distinción porque sólo una de las dos es buena. No podemos olvidar que vivir el futuro es una utopía. Y dije más arriba justamente lo contrario, para aclarar que esto no es futuro, es presente. Y es que vivir en el futuro, no es más que realizar lo que en el pasado te propusiste, no tiene ninguna otra cosa más mágica que esa. Entonces qué nos queda! El futuro es algo incierto, inestable, el presente es lo real, lo concreto, atemporal: no tiene duración, no se dilata, no se contrae… sólo está quieto, implacable. Mucha gente desconfía, tiene miedo de lo que podría pasar. Otras personas arman sus vidas sobre ese futuro inestable, con resultados igualmente inestables. No quiero decir que con esto no se puedan tener metas, claro que no, los sueños son parte importante de nuestras vidas… pero por algo se duerme unas 8 horas diarias: el resto se debe vivir. Se debe sentir, se debe disfrutar como si el mañana fuera algo que quizás, sólo quizás, no alcancemos a ver. Si llegases a morir hoy, qué es lo que quedaría pendiente? Es algo que se pueda traer al presente? Es lamentable como muchas de esas cosas sí se pueden traer al presente, pero es sólo nuestra falta de motivación la que evitan que las podamos alcanzar. Peor aún, incluso hay gente que posterga su felicidad para el futuro… siendo que la felicidad y el amor son sentimientos que sólo pueden vivir en el presente. Personas se refugian en su pasado para sentirse menos solas, otras personas se refugian en su futuro sin poder mirar a su alrededor. Hay de todo. Es más, yo creo que todos hemos escapado más de una vez de nuestro presente para querer jugar a la Máquina del Tiempo y así ir a una época donde nos sintamos más cálidos, pero lamentablemente, al hacer esto, también estamos alejándonos del amor verdadero, de la felicidad verdadera: no se puede vivir de recuerdos, ni tampoco de sueños. La vida es muy linda, pero muy compleja también. Muchos detalles que observar, muchas emociones que vivir. No hay espacio ni para el pasado ni para el futuro. Tratemos de minimizar su uso y así volvámonos personas presentes, existentes.

Aprendiendo a disfrutar, aprendiendo a vivir

Cuando no has escrito en harto tiempo, siempre cuesta empezar. Este es el caso, me es difícil empezar a hilar de manera coherente las ideas otra vez. Siempre es complicado reducir tus pensamientos en un par de oraciones y párrafos, el pensamiento es más acelerado, profundo y veloz que las letras. Es como si múltiples dimensiones de las cosas y los sucesos sucedieran rápidamente hasta que tu mente elige la más correcta/cuerda/favorable para tomar como cierta. Pero… que pasa si no es la realmente más verosímil? Eso es algo que sucede bastante a menudo en verdad. Muchas veces pensamos en que tenemos la razón de alguna cosa, pero no es más que nuestro punto de vista personal de los hechos. A veces pareciera que muchos tienen la razón porque muchos otros piensan como él, pero a veces es mejor ser un poco más tolerante. Es más entretenido el lograr que las opiniones del resto también sean consideradas en tus juicios, así logras que la experiencia de otros sea también tu experiencia.

Estos días me he llenado de muchas experiencias ajenas, de muchas historias y maneras distintas de ver la vida. He visto mucha soledad, pero también mucha esperanza y alegría en las cosas simples… nuestro mundo se está volviendo algo tan complejo, que las cosas simples son las que llenan muchos de los vacíos que emocionalmente van quedando a raíz de la complejidad en la que intentamos calzar. Pasar una tarde en una plaza, columpiarte, disfrutar de una rica conversación con tus amigos, comentar la vida que llevamos… son tantas cosas que gracias a las vacaciones que acaban de pasar pude disfrutar. Y cuál es el resultado? Me siento muy feliz. Feliz y lleno de paz interior.

El título de este artículo es aprendiendo a disfrutar, aprendiendo a vivir. Eso es lo que estoy haciendo desde ya un tiempo atrás, y he tenido muy buenos resultados. Siento que mi vida es llenarse de experiencias y de aprendizajes, cosas que se van diluyendo y madurando a través de los años, y de cómo ese invisible espiral se encarga de hacértelas volver una y otra vez a vivir, con sus ciertas nuevas dificultades o facilidades. Intento llevar una visión abierta del mundo, recibiendo las maneras de pensar de mucha gente distinta… con eso he ganado por todos lados. Por uno, mis ideas se enriquecen con las perspectivas de otros, mejorando o puliendo así mis propias ideas. Por otro lado, también hace que entienda mejor a la gente que me rodea, logrando que ella misma se sienta más acogida. He recibido varios “eres un buen amigo”, siendo que sólo intento ser más receptivo y escucho a los demás. Creo que es eso lo que más hace falta en el mundo de ahora: gente que escuche más y hable menos. No sé si hable poco en todo caso, pero intento compensarlo con escuchar harto. Otra cosa que tampoco hay que olvidar, es que si uno desea llevar un estilo de pensamiento como éste, debe ser lo suficientemente fuerte para no dejarse llevar por las personalidades de ciertas personas alrededor tuyo que tienen ese talento natural de ser líderes, imponiendo casi mágicamente su propia manera de pensar. Después de todo cada humano es único, y tenemos igualmente derecho a pensar que nuestro punto de vista es válido. Lo que propongo yo es rescatar ciertos puntos de la manera de pensar de los demás, ser tolerante en otras palabras… no pretendo convertirme en una persona que dependa de la manera de pensar del resto. Eso igual se ve bien a menudo por lo menos en mi sociedad, imponiendo cánones de conducta, de belleza, de gustos en general… son los más susceptibles, débiles de carácter y personas muchas veces solitarias también las que caen en ese juego de seguir a las masas y a los líderes encubiertos de nuestra sociedad.

Sin embargo, así como cuando formas parte de un grupo de personas que piensa igual (como los que gustan de cierto grupo musical por ejemplo), también me siento parte de un grupo de personas que piensa distinto. Raro no? Pero es ahora más que nunca que me he dado cuenta de eso, de que las personas que tendemos a ser defensores de nuestra manera de ser y no se vende por modas tan sólo para agradar al resto, tiene esa extraña capacidad de reconocerse y encontrarse con otros similares. En estas vacaciones me di cuenta de esto. Si bien hablo con todos, tuve especial simpatía por esas personas que, aun siendo distintas a mí en su manera de pensar, compartimos visiones de vida similares. Es difícil explicarlo, pero somos personas que tienen su propia personalidad definida, y gracias a eso es que somos reconocibles entre nosotros. Gracias a esa sintonía, a ese feeling… es que he conocido gente genial en estos meses a las que he logrado querer demasiado.

Otra cosa que ha logrado el ser un poco más abierto a conocer a la gente que me rodea, es que el conocerlas un poquito mejor te hace comprender a la sociedad en general un poquito mejor. Si bien todos somos distintos, entre más gente conozcas, más fácil será el llegar a más gente. Es como si fuera una especie de regla exponencial: el conocer a una persona te permite comprender a 2 más, y así sucesivamente.

Tampoco puedo olvidar lo que en lo personal es lo mejor de llevar un estilo de vida como el que llevo: Dejas una buena imagen para los demás, y éstos te recompensan con grandes cantidades de afecto. Lo que más me hace feliz en estos momentos es lo querido que me siento por la gente que me rodea, no soy una gran cosa y aun así me quieren demasiado encuentro yo. Ellos son parte de mi aprendizaje personal y gran apoyo en los difíciles momentos que he pasado. Familia, amigos, e incluso conocidos. Toda esa gente que me ha aportado con cariño me hace pensar que no estoy tan mal, que debería seguir superándome y perfeccionándome, para de una u otra manera, ser también para ellos motivo de felicidad. Como me encantaría poder retribuir toda la felicidad que me entregan… Esa es mi meta final. Hacer que la gente a mi alrededor se sienta feliz, y sienta ánimos de hacer lo mismo por la gente que está a su alrededor. Lograr el avance exponencial inverso, lograr que uno de tus amigos sea capaz de hacer feliz a dos de sus amigos, y así sucesivamente. Si esa fuera una de las metas en nuestras vidas, este mundo no sería tan vacío. Siento que hay que recuperar los antiguos valores, no dejar que se degenere tanto a los sentimientos, y volver a darle sentido a las cosas simples…

Y así están acabando las vacaciones. Me siento feliz y lleno de ánimos para seguir también aprendiendo académicamente. Si bien no fue el mejor de los semestres el que acaba de pasar (debido justamente a que reprobé un curso), me siento completamente pagado con todas las personas que conocí y con todas las experiencias que gané con mi trabajo de ayudante de laboratorio. La vida da muchas sorpresas a los que salen a levantar las piedras, y yo me encontré con varias luego que levanté esa áspera roca. Así, lo que fue un mal semestre académico fue un excelente semestre en lo personal.

Y qué es lo que viene? Aprender mucho. En todos los sentidos. El mundo, más bien el universo completo está abriéndose para mí. Soy un personaje más en la infinita historia del universo, pero hoy más que nunca tengo todas las intenciones de representar mi papel de la mejor manera posible. Me encanta lo que estoy viviendo, soy feliz con la gente a que está a mi alrededor, y mis problemas parecen pequeños en comparación a todo lo que estoy recibiendo. Puedo soñar por las noches, y hacer realidad mis sueños al otro día. Ese es el tipo de motivación que estoy experimentando. Cómo me encantaría hacer que los que me rodean vivan una motivación como ésta… ya que no se por cuánto dure y si llega aquel momento en el que la deje de experimentar, necesitaré que alguien me vuelva a motivar así. Es bueno que tus motivaciones dependan de la gente que está a tu alrededor? No creo que mucho… pero hasta ahora no he podido encontrar solución a eso. Eso es algo de lo que sigo dependiendo, y es de las cosas en las que debo aprender más. Pero por ahora estoy motivado, y es lo realmente importante.

Espero que aquella persona que logró leer hasta aquí haya logrado encontrar algo que le sirva en lo personal. Sería genial hacer que la vida de alguien más sea un poquito más linda de lo que es ahora. Yo de hace mucho tiempo que no escribía nada, por lo que este artículo fue largo precisamente por eso. Aún hay mucho de lo que me gustaría hablar, pero creo que eso quedará para otro artículo.

“si tan sólo fuésemos capaces de olvidar nuestras limitaciones, de seguro el cielo sería nuestro!”

Felicidad

Es increíble lo que me haces sentir…

Ya es tarde por la noche. Por la ventana se ven las tenues luces del puerto, luces que esta noche brillan de manera especial para mí… desde hace mucho tiempo que no me había sentido como ahora, con tantas ganas de escribir y de expresar, aunque sea vagamente, todo aquello que pasa por mi mente. Pienso y siento agitadamente, una deliciosa mezcla de emociones, pensamientos y sentimientos se agolpan por salir, una fuerza que viene de lo profundo que me hace desear ser otro, ser alguien mejor,  ser alguien más humano…

Y eso te lo debo a ti.

Intento hilar una frase, tratar de explicar lo que pasa por mi cabeza; pero me cuesta en extremo. Hay tantas cosas que podría decir que no sé por cual podría empezar, hay tantas sensaciones irreproducibles que ahora son parte de mis más preciados recuerdos… detalles que para mí fueron más que detalles, momentos tan breves como eternos y que se grabaron en mi mente tan fuerte que cierro mis ojos y pareciera que los estuviera volviendo a vivir… Son imágenes que pasan fugaces, verdaderas fotografías que me hacen estremecer dulcemente, cuadros de algo vivido tan real como imaginario. Y es que todo este universo de sensaciones esta en mí, en mi cabeza, en la imaginación que tú desataste y que ahora anhelo convertir en realidad… me has motivado tanto que la noche luce distinta, que mi futuro luce distinto, que mis pensamientos lucen distintos… pusiste una flor en un desierto lleno de lamentaciones y decepción, sembraste esperanza en mis sueños y me has hecho volver a girar, a dar vueltas mi espiral hacia arriba con una fuerza arrolladora que incluso podría traspasar mi cuerpo.

Mi vida se compone de momentos sencillos. Improvisados momentos que me marcan como persona, inesperadas reacciones que me hacen sentir tan bien, tan feliz en estos momentos… que siento que cada sonrisa te la debo. Cada esbozo de alegría es culpa de un gesto, de una caricia, de un suspiro que está más cercano a mi mente que a mi realidad. Sé que soy el único que siente así, he sido yo el que ha sobrevalorado algo que para otros es algo cotidiano (incluso para ti), que quizás soy un tonto al pensar de esta manera… pero es que prefiero mil y una veces ser un tonto a dejar de lado todo esto que siento por ser alguien real y frío. Si tan sólo pudieras ver la vida a través de mis ojos, y sintieras sólo una breve parte de toda esa fuerza que tú me haces sentir en estos momentos…

Deseo agradecerte todo lo que has hecho en mí. Quiero dedicarte estas líneas y muchas otras más, quiero hacerte sentir que la vida es mágica gracias a que existes, que tan sólo por ser como eres vales mucho para mí y para muchas otras personas, quiero regalarte un mundo tan hermoso como en el que me has hecho creer que estoy… Le pido a Dios que me de una oportunidad de darte lo mejor de mí, que me puedas ver por lo que realmente soy y que te sea agradable. Le pido a Dios que me regale infinitos momentos junto a ti, junto a tu sonrisa y a tu alegría; le pido a Dios que yo también pueda ser alegría para ti cuando una sonrisa te sea algo duro de lograr…

Gracias a las grandes metas que uno se va colocando en la vida, es que uno siente deseos de crecer. Hoy más que nunca deseo ofrecerte algo más de lo que soy, la fuerza que me das es indescriptible,  veo la magia de la vida en todos lados y es porque tú has hecho que vuelva a creer en ella. Desearía que este momento no acabase nunca, y que tú estuvieras aquí para regalártelo.

Gracias, te quiero.




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ovejita…

Domingo por la noche. Parte de la rutina antes de volver a la universidad es ir a comprar los alimentos para la semana: leche y fideos. Todo normal, los fideos y la leche estaban en el lugar correcto, en el lugar de  siempre. Nos vamos a la caja con papá, y aunque quiso ir a otra yo seguí derecho y alegué “Esta caja está vacía”. La rutina era la misma, una chica llamada Jessica estaba a cargo de la caja. O por lo menos su credencial decía eso. “Paga con tarjeta de crédito?” – me dice –  “No gracias, en efectivo”  – fue lo que respondí casi como un libreto de un teatro, una representación que todos los Domingos por la noche se repetía. Pero esta vez, la cajera me queda observando y con una sonrisa en la cara me dice “Niño de la ovejita…”

…………

Aquel bucle interminable de la rutina dominguera había sido roto. Sus palabras, fueron tan inesperadas como sorprendentes. – “Jojo, ahora todos me conocen”  – fue lo único que atiné a decir… una respuesta bastante vacía por lo demás; creo que efecto de la misma estupefacción en la que estaba.

Sonriente eché los fideos y la leche en la bolsa biodegradable del supermercado, y un “Chao muchas gracias” fue mi despedida. Me respondió con una bonita sonrisa.

Niño de la ovejita… qué manera de iniciar la semana.

Nunca pensé que podríamos llegar a ser tan conocidos...
Nunca pensé que podríamos llegar a ser tan conocidos...

morir despacio, morir lentamente…

Dias felices son los que creo estar viviendo. Son felices de una manera un poco superficial y sintética, porque cuando todo va bien en tu vida y sientes que estas haciendo las cosas bien, una pequeña espina comienza a destrozar tu piel de a poco, sin darte cuenta que haz comenzado a sangrar y tu te empiezas a sentir débil… te sientes bien, estas feliz; pero que pasa con tu cuerpo? se siente debil, vacío, tu sangre se va y ya no puedes soportar mas… tus pensamientos se ven inundados por una mancha de sangre que empieza a crecer y crecer… tu visión se vuelve borrosa, comienzas a ver rojo por todos lados, y te comienzas a caer… es que estoy muriendo? que esta pasando? ¿Porque justo en el momento mas hermoso de mi vida? cuando ya te predispones a que éste se transformó en el fin de tu existencia, te das cuenta que no estas muriendo… te sientes como un muerto pero no estas muerto… que sucede?

Peor que la muerte, es morir viviendo. Tus heridas son tan grandes que sangras y sangras, pero te niegas a morir y prefieres seguir viviendo, intentando hacer una vida normal… ignorando la sangre que fluye fuera de tu cuerpo. ¿Cuanto tiempo serás capaz de soportar sin asumir que estas herido y que tu herida te esta destrozando tan lento y tan dolorosamente que ni a tu peor enemigo le desearias tal dolor?

No se lo que sucede conmigo. Soy un portador de una herida… de una espina que se clavó en mi hace un tiempo y que no ha parado de hacerme daño… por un momento pense que podria vivir con esa espina, que podria rehacer mi vida… pero no. Ahora que el tiempo ha pasado y soy consciente de las desiciones que tome en mi vida, me doy cuenta que mi espina fue la desicion mas dolorosa que he tomado en el ultimo tiempo…

Pero mi dolor es su bienestar… quiero que esté bien, quiero verla sonreír, aunque no sonría conmigo…

Debo asumir que tengo una espina clavada en mi ser. El primer paso ya lo di. Ahora debo encontrar la manera de sacarla, porque no puedo seguir enfrentandome al destino si no soy capaz de sacarme esa espina de encima, porque sino seguiré caminando debil y muriendo dia a dia, cayendo en mi propio juego y lo que es peor, orientando mi espiral hacia abajo…

No quiero morir en vida. No quiero sufrir mas. Mi verdad es una sola: no hay alguien que me haga mas feliz que ella. Que hacer con todos esos sentimientos? no lo se. Obviamente no los puedes echar en un cajon y guardarlos para siempre, tienen que ser libres, asi como el amor que en algun momento surgió entre nosotros… pero creo que ahora más que felicidad traerían sufrimiento y mucho dolor… para nosotros y las personas que nos rodean. Porqué el amor tiene que ser tan sublime y tóxico a la vez? Creo que siempre ha sido sublime, se vuelve tóximo solamente cuando humanos imperfectos como nosotros intentamos conservarlo prisionero de nuestros deseos personales… y es que en unión con la persona que amas el amor es perfecto… pero por separado es una cuestión muy amarga de sobrellevar…

Mi mensaje ya ha sido lanzado a las estrellas… pero no espero ser leido esta vez. Mi corazón aún está dolido, aún desea expresar ese amor tan venenoso del que se infectó… pero no quiero contagiar a nadie de este virus tan letal del que soy portador… creo que debo seguir muriendo lentamente y en silencio.

Sé feliz, que yo lo seré por ti… aunque muera día a día por tí.

A mí no me está funcionando mucho, pero pensando en algun posible lector afligido como yo, le dejo este poema que calma el dolor y es bálsamo para nuestros corazones dolentes.

Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.
Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito
repitiendo todos los días los mismos
trayectos,
quien no cambia de marca,
no se atreve a cambiar el color de su
vestimenta
o bien no conversa con quien no
conoce.
Muere lentamente
quien evita una pasión y su remolino
de emociones,
justamente estas que regresan el brillo
a los ojos y restauran los corazones
destrozados.
Muere lentamente
quien no gira el volante cuando esta infeliz
con su trabajo, o su amor,
quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir
detrás de un sueño
quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos…
¡Vive hoy!
¡Arriesga hoy!
¡Hazlo hoy!
¡No te dejes morir lentamente!
¡NO TE IMPIDAS SER FELIZ!

Orgullosamente Escrito por Martha Medeiros y no Pablo Neruda como muchos afirman.