Escenas Surrealistas

Hace unos diez años atrás, todo comenzó. Recuerdo cómo la chica que en ese momento, era mi amiga más cercana, se sorprendió de sobremanera cuando le confesé que me gustaba, y que me encantaría estar junto a ella como algo más que amigos. A veces las cosas pasan sin darnos cuenta, a veces las cosas simplemente suceden de una manera que nosotros jamás terminamos de comprender. Jamás imaginé que aquel momento sería el comienzo de una transformación en mi vida.

Creo que tuve suerte de haberle confesado lo que sentía. Las cosas no funcionaron como yo quería, no fui correspondido. Sin embargo, la profundidad de nuestras conversaciones era algo que lo hacía aún más especial por el simple hecho de que ambos teníamos 14 o 15 años. En ese momento fue cuando por primera vez sentí que no era para nada de malo demostrar lo que tu sentías, fuese o no correspondido. Me propuse empezar a sentir con intensidad, a vivir la vida a concho sin que fuese limitado por las opiniones de los demás.

Lo que vino fue simplemente hermoso.

Con uno de mis mejores amigos decidimos entrar a un taller de cine y video. Si bien el presupuesto era pequeño, y nosotros no éramos más que estudiantes de secundaria, empezamos a soñar con la idea de poder materializar nuestras ideas e historias en cintas magnéticas que después podríamos ver y recordar. Vaya que funcionó. Nunca fuimos demasiado exitosos en nuestros cortometrajes pero sin embargo, el orgullo que sentimos al finalizar nuestro primer cortometraje, doble traición, era más que suficiente para sentirse satisfecho. Me encantaba sentir que aunque fuésemos estudiantes de secundaria teníamos el poder de hacer cosas que hasta pocos meses antes parecían imposibles de realizar a ese nivel.

Y siempre el mismo pensamiento volvía a mi mente: “vaya que afortunado soy! Jamás imaginé que podría vivir este tipo de experiencias!”

Algunos años pasan y veo como mi grupo curso se divide al cambiarnos de cursos de acuerdo a nuestras pretensiones futuras. Como pensaba en ingeniería, seguí por el plan de especialización en física. Fue genial. Y es que nuevamente, si bien al principio parecía triste separarse de esos compañeros con los que pasaste casi toda una vida juntos, la verdad es que nuevamente la vida me preparaba hermosas sorpresas. Y esas sorpresas fueron los innumerables momentos que pasé juntos a las increíbles personas que conocí en ese nuevo grupo curso. Personas que al igual que yo soñábamos en grande, en hacer cosas más allá de lo que acostumbraban hacer los chicos a mi edad, pero sin presionarnos ni estresarnos. Todo era un juego. Así, el team Foca nacía y con él un montón de recuerdos que hasta el día de hoy nos acompañan. Es genial darse cuenta que si bien han pasado unos 8 años de aquel entonces, la amistades conseguidas en esa época siguen igual de fuertes.  Todos hemos cambiado y hemos seguido caminos diferentes, sin embargo nuestros recuerdos junto a electroveja o a los movimientos pélvicos nos seguirán siempre.

Nuevamente sentía que era capaz de hacer lo que quisiera, pero aún me limitaba el hecho de no tener nada. Nada porque siempre mis padres fueron de pocos recursos, y mis hermanas que recién comenzaban a ser profesionales, tenían también sus propias obligaciones. Sin embargo, una nueva escena surrealista sucede en mi vida. En mi casa no se solía comprar el periódico. Pero se compró en la semana justa, del mes justo, del año justo. Aparecía un aviso para becas que ofrecía la empresa más grande de la ciudad en la que vivía, con la promesa de pagar toda la universidad si es que la obtenías.

Y la obtuve. Y estudié gratis durante los 6 años que tomaba mi carrera.

Un momento muy lindo fue al final, cuando tuve que volver a la empresa a dar mi experiencia con respecto a la beca. El contarles mi historia de cómo conseguí tanto sin haber empezado con nada, hizo que incluso la relacionadora pública de la empresa terminara emocionada hasta las lágrimas, por el simple hecho de que le demostraba que los sueños eran posibles si es que te lo proponías con suficientes ganas. El orgullo y felicidad que me proporcionaba ese momento me hacía sentir la persona más afortunada de todas.

La universidad, si bien consistió en un proceso muy largo, fue también un proceso muy lindo. Muchos momentos sentía cómo me quedaba sin recuerdos, sin experiencias, justamente porque tenía tanto que hacer y poco tiempo para poder disfrutar con amigos. Pero nuevamente, todo sucedía por algo. Y si bien hubieron momentos muy duros, de trasnoches infinitos y de cursos reprobados, gracias a los amigos incondicionales, a esos compañeros que luchan por un mismo fin que aquel por el que tu luchas, pude aguantar y conseguir notas suficientemente buenas para incluso dar un salto más allá y postular a un plan de post-grado. Sí, aquel mismo chico que sin tener nada entró a una de las mejores universidades del país a estudiar gratis la carrera que él quería. Pero debo reconocer que no di ese salto por mi propia cuenta. Fue porque tenía un apoyo gigante de gente que me quería a mi alrededor: familia, amigos, pareja. Y especialmente fue mi pareja de ese entonces quien sin saberlo aportó con una de las motivaciones más grandes que he recibido en mi vida para hacer lo que yo quisiese: esta vez, no importa no tener nada. No importa de dónde vienes, no importa lo poco que puedas poseer, sean cosas materiales o sean también conocimientos. Si de verdad quieres ser el mejor, lo puedes ser. No será gratis ni fácil, pero si lo deseas, lo puedes. Con convicciones así de fuertes comencé con el plan de master.

Sin embargo, una de las experiencias más surrealistas estaría por suceder.

Por el año 2011 me enteré de que la beca de residencia, que me permitía vivir cerca del campus durante el tiempo de clases, se terminaba de manera irrevocable ya que había cumplido con el plazo máximo de uso de cinco años. Mi hermana, quien también estudió en la misma universidad que me acogió a mí, siempre tuvo como sueño el volver al cerro donde pasó sus mejores años de juventud. Casi como una broma, ella me escribe “y si compro un departamento cerca de la universidad? Así tu puedes vivir en él y te encargas de arrendar los otros dormitorios”.

Jamás pensé que hablaba en serio. En menos de una semana, ya estaba firmando el compromiso de compra.

Nuevamente, una escena surrealista estaba sucediendo. De no pasar nada a tener demasiado. Y es que no me refiero al hecho de que tuviera un lugar donde vivir, sino que además fue el inicio de lo que serían mis mejores años en la universidad, años que incluso no se hablaron sólo en español.

La tarea de arrendar los dormitorios del recientemente adquirido departamento fue en un principio preocupante. El tener que vivir con gente desconocida y que además tuviese que encontrarle al principio fue motivo de preocupación. Sin embargo una idea, de esas que parecen locuras, surge y se decide publicar un aviso del departamento en la oficina de asuntos internacionales de la universidad. En ese momento mi ex novia bromea con la idea, diciendo lo imposible que era que una chica extranjera llegara a vivir sola con un latino. Su sorpresa fue mayúscula cuando terminé viviendo con dos chicas extranjeras, que sí querían vivir con un latino.

La cantidad de recuerdos de ese año es impresionante. Fiestas, paisajes, y muchos nuevos amigos. Sentir que el mundo es más pequeño de lo que crees, y que aunque seas de un país en vías de desarrollo tienes mucho qué entregar, hizo sentir que los límites eran cada vez más pequeños. Podía entablar una conversación con una persona de algún país que jamás había visitado, y sin embargo teníamos mucho en común. Tanto así, que una de esas chicas que venían de otras tierras llegó a transformarse en alguien muy especial para mí. Las fronteras simplemente se eliminaron y sin darnos cuenta estábamos envueltos en una historia llena de momentos surrealistas, con una ciudad igual de surrealista como lo es Valparaíso. Más que nunca, llegué a amar a esa ciudad. Es el mejor escenario para crear una historia, un cuento de hadas. Y aunque hubo una despedida, la promesa de que sería un hasta pronto en vez de un adiós, calmó aquel momento que hasta ahora recuerdo como uno de los más tristes de mi vida.

Mirar hacia atrás es algo que suelo hacer de vez en cuando. No para añorar los viejos recuerdos, sino que para ver qué tanto he subido desde la última vez que miré hacia atrás. Es increíble la vista que he conseguido. Me parece increíble cómo los pequeños detalles que pasan invisibles en su momento se transforman en verdaderos puntos de inflexión para el futuro. Es impresionante notar lo poco lineal que puede ser tu vida si eres capaz de dar pequeños saltos de fe de vez en cuando. Y es que contando con el apoyo de tanta gente especial a mi alrededor, he sido capaz de dar saltos gigantes que me han llevado cada vez más y más lejos. Tan lejos como la ingeniería, tan lejos como el master, tan lejos como incluso ser asistente de investigación en una universidad extranjera. Motivado entre el deseo de volver a ver a la chica que tantos momentos felices me había entregado, el mejorar el inglés que había demostrado ser insuficiente para entablar una conversación fluida y la constante promoción que tanto jefes y colegas hacían del plantel californiano al que me interesaba asistir,  postulé a la beca que me llevaría por unos meses a vivir la experiencia de estudiar y trabajar en una universidad extranjera. Gratis.

“Felicidades Fabian!” – no entendía por qué una amiga me felicitaba por un mensaje instantáneo. “te vas a Estados Unidos!” – esa frase me dejó helado. Podía ser posible de que hubiese obtenido la beca? Los postulantes eran los mejores alumnos de las mejores universidades del país, y ese mensaje estaba diciéndome que había conseguido, gracias a las recomendaciones de profesores y de mi desempeño en los años anteriores, de una beca que me llevaría gratis al otro lado del mundo. Era increíble. Increíble porque nunca fue mi objetivo sacrificar mi vida social por tener buenas calificaciones y sin embargo, fueron suficientes sacrificios para ser recompensado con una experiencia completamente nueva e increíble. Cuando supe una de mis mejores amigas estaba junto a mí. Fue quien me contuvo y me golpeó lo suficientemente fuerte para darme cuenta que no estaba soñando, que todo lo que estaba pasando era real. Me estaba pasando a mí, nuevamente era el protagonista de mi propia historia. Mi padre feliz, mi madre con un “por favor vuelve” como reflejo de su miedo a que no volviera, mis hermanas orgullosas de mí. Una de mis hermanas, abrazándome entre lágrimas me dice que está feliz de que todo el esfuerzo que todos en mi familia habían puesto en que yo llegara al lugar donde estaba, me llevara aún más lejos. Nuevamente el flashback que recorre toda mi vida y el hecho de que mi familia en ningún momento me limitó a conseguir mis sueños, fue lo que me hizo sentir el ser más afortunado del mundo.

El tiempo pasó veloz, ya sea por los constantes deberes que un estudiante de postgrado tiene que realizar o por la ansiedad de iniciar el viaje que me llevaría al otro lado del mundo. Los momentos surrealistas aparecen una y otra vez en mi vida, de la mano de sensaciones increíbles que vivo junto a personas increíbles que aparecen para apoyarme, para hacerme sentir especial. Historias de atardeceres, de paseos por la playa, de conversaciones eternas y de besos inesperados hacen que sienta que no hay mejor lugar ni momento en mi vida que aquí y ahora. Y sin darme cuenta, los meses pasaron tan rápido que ya estaba sentado en un avión hacia un lugar al que jamás había ido, con un idioma que tampoco era el que dominaba.

Lo que venía no dejaba de ser surrealista. Vivir una experiencia en otro país como la que estoy viviendo, es aún mejor cuando la gente a tu alrededor pareciese que esperaba por ti. Sentir que aunque no seas del lugar eres capaz de calzar e incluso compartir tus historias de vida como algo interesante de ser escuchado, me hace sentir aún más feliz. Siento que las mayores cualidades que cualquier persona puede tener para enfrentar al mundo es una sonrisa y una historia que contar. Ambas me han abierto un sinnúmero de experiencias hermosas a lo largo de toda la vida, y me han entregado la mejor de las disposiciones de toda la gente a mi alrededor. Y el mejor de los premios es cuando eres capaz de contagiar tu propia sonrisa a alguien más. Porque si bien sobran razones para ser feliz, hay momentos en las que una sola razón para estar triste es más fuerte. Todos sufrimos alguna vez, pero es en ese momento en el que puedes cosechar todas aquellas sonrisas que sembraste a lo largo de tu vida. Los momentos más tristes que he tenido han sido donde he conocido de verdad a la gente a mi alrededor, han sido los momentos más tristes los que me han traído cerca a los seres más especiales e importantes de mi vida.

Hace un día cumplí los veinticinco años. Miro hacia atrás y me doy cuenta de lo afortunado que he sido. Me dan ganas de decir un gracias a cada una de las personas que ha dejado alguna marca en mi vida, ya que lo que actualmente soy es la suma de todas las cosas que he vivido en todo este tiempo. Es la suma de todas las experiencias que he compartido con un montón de gente especial e irrepetible. Soy afortunado en todos los sentidos, y me hace sentir feliz que todas las escenas surrealistas que he tenido en mi vida, fueron jamás siquiera imaginadas. Y si jamás fueron imaginadas, quiere decir que aún hay más escenas surrealistas esperando por ser vividas. Tengo todas las ganas de hacer de mi vida aquello que yo deseo hacer de ella. No dejarme vencer por mis miedos ni por mis debilidades. Y si tengo que sufrir una y mil veces por conseguir un objetivo, lo aguantaré con la esperanza de que al final todo se explica, todo se justifica. Si todo lo que he sufrido ha sido necesario para estar aquí, escribiendo este texto en un tren de medianoche que se encuentra cruzando media California, estoy seguro que lo viviría una y mil veces.

Gracias por hacer que estos 25 años hayan sido tan surrealistas, tan felices. Me siento demasiado afortunado de cada una de las personas que ha pasado en mi vida y ha dejado un recuerdo en mí.

 

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momentos

Este blog ha sido testigo de mis más grandes descargas emocionales. Cuando he estado muy bien, he escrito aquí. Cuando he estado muy mal, he escrito aquí. Cuando he tenido miedo, o emoción, o simplemente un gran sueño que alcanzar, he escrito aquí. Todos esos sucesos, no son más que momentos. Momentos que aparecen en mi vida repentinamente, momentos que se alzan entre la rutina de un diario vivir para marcar, de una u otra manera, mi forma de ser. Es impresionante leer cada una de las entradas de este blog y darse cuenta que están asociadas a algún momento importante en mi vida; quiere decir que al menos he vivido, he sentido, he reído y he llorado. Sí, este blog ha sido la prueba infalible de que he estado vivo, de que no he sido un muerto viviente después de todo.

Este año en particular ha sido un momento. Una burbuja dentro de lo que ha sido mi vida, un cambio radical a todo lo que llamaba rutina hace un año atrás. En muchos sentidos fue casi un renacer. Y lo digo porque para volver a nacer, primero hay que morir. Tampoco quiero sonar muy dramático, pero sí tuve un duro inicio de año. Tristezas del corazón que demuestran lo intenso que había llegado a sentir, acabaron con una etapa de mi vida en la que una utopía podía ser motivación para vivir. Sin embargo, ese mes que viví en el limbo, acabó de una manera realmente increíble. Sin darme cuenta, sin previo aviso, de un momento a otro me vi rodeado de personas, en aquel momento desconocidas, cuyo español no era su lengua nativa. Increíble: sin haberme movido del país, sentí que era un estudiante de intercambio.

Desde ese momento, los meses pasaron rápido. Entre fiestas, estudios, sonrisas, recuerdos y, como aparece en el título de esta entrada, momentos. Porque es increíble como este año ha estado lleno de momentos, de recuerdos estáticos, de situaciones irrepetibles que se vuelven verdaderos tesoros en mi vida personal. Pensando en que cada una de esas personas que han venido del extranjero a vivir un par de meses a este país se han llevado recuerdos eternos de vuelta a sus países natales, yo sin moverme de aquí, he tenido una experiencia igual de rica e irrepetible. Sin haberme movido del país, he vivido realmente una experiencia de intercambio cultural gigante. Quizás no he vivido el shock cultural que implica el desplazarse hacia otra cultura; sin embargo, en muchas ocasiones, sentí que era yo el ajeno en un mundo dominado por el alemán o el inglés. Aún así sentí lo que es vivir otra cultura; aún así, aprendí a valorar lo que soy y lo que represento aquí y en el resto del mundo. Aún así, aprendí que aunque seamos de mundos completamente diferentes, siempre habrá algo que nos una. Sea la música, sea la televisión, sean los sueños… siempre hay algo que te conecte con el resto.

Pero el año aún no termina, y a medida que avanzan los meses me sorprende una y otra vez. Es así como en este momento estoy escribiendo, ya que llevo una carga emocional gigante sobre mí. Es increíble, es realmente casi un sueño, los días que en este momento estoy viviendo. Un relato surrealista marcado por salidas, por atardeceres, por recuerdos, por ternura, por cariño, por amistad, por romance, por detalles y claro, por sonrisas. Es increíble darse cuenta que día a día estás viviendo un momento, un recuerdo, un suceso eterno en tu vida. Soy inmensamente feliz; no puedo ocultar mis sonrisas a diario, me es imposible dejar de pensar que soy el ser más afortunado del mundo. Y es que cuando creía que este año había sido especial e irrepetible por todos los momentos que había acumulado durante los últimos meses, sucede que aparece alguien que se encarga de entregarme los momentos más especiales que he vivido en mi vida entera! Porque si este año ha sido el mejor que he tenido en mucho tiempo, y este es el mejor momento que he tenido durante este año, puedo decir con autoridad que estos han sido los mejores momentos que he tenido en mucho tiempo, en muchos años, quizás una vida entera.

Lamentablemente, hay un problema con los momentos. Si bien son eternos, éstos son breves. Son recuerdos tan intensos, pero que lamentablemente se realizan durante cortos períodos. Por más que he intentado alargar mis momentos para que duren lo máximo posible, es imposible que sean infinitos. Su recuerdo será eterno, no lo niego, pero no se puede hacer una vida de sólo un momento. Y quizás ese es mi problema en este momento: deseo que mi vida entera sea un momento que dure para siempre con la persona que yo más quiero. Sin embargo, el desafío ha quedado en evidencia. La terapia del blog ha funcionado una vez más, y he encontrado la respuesta que necesitaba: La vida no se trata de un momento infinito. Se trata de muchos momentos. Se trata de que hayan pequeños espacios entre una situación y otra; de que cambies, de que mutes, de que te transformes. Cada uno de tus momentos podría tener a los mismos protagonistas siempre, pero cada momento será distinto al resto. No me concentraré más en hacer que mis momentos sean infinitos, sino que me concentraré en que cada momento sea único. Me concentraré en que existan muchos momentos más durante este año, y que su recuerdo me acompañen siempre. Y es que ni el tiempo ni la distancia pueden eliminar los buenos momentos vividos junto a alguien; los recuerdos y el cariño son más fuertes que cualquier distancia física o temporal.

Así que mi desafío está claro: me llenaré de momentos junto a la persona que más quiero. Me preocuparé de que sean inolvidables. Me preocuparé de que nunca borre la sonrisa de su rostro, ni que yo la borre de la mía. Viviré la magia de cada momento, así como la carga emocional que tenga cada uno de ellos. Haré que este sea el mejor año de lo que llevo de vida, y que la gente a mi alrededor también lo disfrute junto a mí.

Dejé de desear vivir en un sueño, porque, junto a tí, mi vida es mejor que cualquier sueño. No importa lo que suceda mañana; mi presente, aunque sea breve, será tuyo 🙂

Futuro

Viernes por la noche. La luna llena sobre mí, lenta, segura, distante. Su reflejo sobre el mar hace que todo el puerto se vea aún más iluminado, casi como si fuera una postal. Yo? Sentado frente al computador. Los amigos de siempre conectados en el chat, mientras yo intento hilar ideas, juntar frases que de hace mucho tiempo he querido escribir pero que, acudiendo al título, las “pensaba escribir a futuro”. Esto que estoy viviendo ahora, es mi futuro. Esa serie de acontecimientos postergados en algún momento de mi pasado – medida igualmente relativa que decir futuro – los estoy intentando de empezar a realizar ahora, el presente. Y es que pareciera que el tiempo se dilata y se contrae día a día… minuto a minuto me atrevería a decir. Antes el enviar un correo tomaba días, ahora sólo unos breves segundos… te demoras más en darle un valor al mensaje más que darle un valor al medio de transporte. La conectividad llega a niveles insospechados, se ha complementado con la vida real de tal manera que se está volviendo cotidiano el pasar horas y horas delante de un monitor… y ahí el tiempo, dilatándose, contrayéndose. No hay nada que hacer? Los minutos parecen infinitos. Hay mucho que hacer? Los minutos pareciesen que caminaran al doble de rápido. Si vemos así al futuro, como aquellos eventos que potencialmente podrían suceder en un tiempo más, nos vamos a dar cuenta que también son afectados por ese tiempo moldeable, irregular. Sin seguridad para nada, no nos queda más que esperar expectantes por lo que viene, o esperar con ansiedad por lo que viene. Hago distinción porque sólo una de las dos es buena. No podemos olvidar que vivir el futuro es una utopía. Y dije más arriba justamente lo contrario, para aclarar que esto no es futuro, es presente. Y es que vivir en el futuro, no es más que realizar lo que en el pasado te propusiste, no tiene ninguna otra cosa más mágica que esa. Entonces qué nos queda! El futuro es algo incierto, inestable, el presente es lo real, lo concreto, atemporal: no tiene duración, no se dilata, no se contrae… sólo está quieto, implacable. Mucha gente desconfía, tiene miedo de lo que podría pasar. Otras personas arman sus vidas sobre ese futuro inestable, con resultados igualmente inestables. No quiero decir que con esto no se puedan tener metas, claro que no, los sueños son parte importante de nuestras vidas… pero por algo se duerme unas 8 horas diarias: el resto se debe vivir. Se debe sentir, se debe disfrutar como si el mañana fuera algo que quizás, sólo quizás, no alcancemos a ver. Si llegases a morir hoy, qué es lo que quedaría pendiente? Es algo que se pueda traer al presente? Es lamentable como muchas de esas cosas sí se pueden traer al presente, pero es sólo nuestra falta de motivación la que evitan que las podamos alcanzar. Peor aún, incluso hay gente que posterga su felicidad para el futuro… siendo que la felicidad y el amor son sentimientos que sólo pueden vivir en el presente. Personas se refugian en su pasado para sentirse menos solas, otras personas se refugian en su futuro sin poder mirar a su alrededor. Hay de todo. Es más, yo creo que todos hemos escapado más de una vez de nuestro presente para querer jugar a la Máquina del Tiempo y así ir a una época donde nos sintamos más cálidos, pero lamentablemente, al hacer esto, también estamos alejándonos del amor verdadero, de la felicidad verdadera: no se puede vivir de recuerdos, ni tampoco de sueños. La vida es muy linda, pero muy compleja también. Muchos detalles que observar, muchas emociones que vivir. No hay espacio ni para el pasado ni para el futuro. Tratemos de minimizar su uso y así volvámonos personas presentes, existentes.

algo que escribir, parte 2

Siempre es complicado enfrentarse a una hoja en blanco. Te asusta el no saber cómo rellenarla, te asusta el espacio en blanco que tienes por delante. Sientes que escribes y escribes, y el espacio no se reduce en absolutamente en nada. Intentas alargar tus ideas, profundizarlas, tratas de que cada nueva palabra que escribes agregue un nuevo matiz a un tema que ya está más que explicado, pero que quizás podrías volver a tocar con la última intención de, justamente, hacer que ese espacio en blanco ya empiece a desaparecer.

Es bien tonto el hecho de temerle a una hoja en blanco, pero increíblemente pasa más seguido de lo que parece, y es más, no sólo en el ámbito literario. Cuántas veces no hemos sido víctimas de la procrastinación o de la flojera porque simplemente vemos un espacio en blanco gigante que tiene como título “conclusiones” o “ensayo sobre mis vacaciones”? estoy más que seguro que más de una persona que lea esto se sentirá también identificado con esas palabras. De hecho, esta es una especie de meta-crítica, ya que el mismo hecho de escribir este artículo pasó por ese mismo proceso de temor al espacio en blanco que el editor de texto de turno estaba proveyendo. Pero así como las ideas, una vez que se piensan, una vez que te pones a escribir, difícil dejarlo.

Pero como mencioné antes, los espacios en blanco no sólo aparecen en los textos. Son parte importantes de nuestras vidas. Muchas veces estamos rodeados de ocio, de tiempo libre esperando ser explotado de alguna manera. Ese es nuestro espacio en blanco. Otras veces estamos en frente de algo desconocido, o de decisiones importantes en nuestras vidas, o recién enfrentándonos a un desafío el cual no tiene ninguna pista de cómo terminará: esos también son espacios en blanco, hojas vacías esperando ser escritas. Y paradójicamente tienen un proceso similar al que mencionaba hace un párrafo atrás: ves el espacio, te atemoriza, pero tarde o temprano empiezas a escribir. Así también podemos empezar a escribir nuestras vidas. De a poco, al principio lucirá como si cada uno de tus pequeños esfuerzos no son capaces de tapar el espacio en blanco, pero el ritmo es algo que es posible adquirir, y con una buena idea, o un tema qué desarrollar… se puede escribir y escribir sin parar. Quizás la hoja tendrá títulos como “mi futuro profesional” o “mi pareja”, pero como en todos los relatos, solo es el primer paso el que cuesta dar. La capacidad creativa de cada persona bastará para rellenar de detalles y de ideas cada uno de los espacios en blanco que tenemos. El punto es justamente comenzar. Si seguimos con miedo a escribir nuestras vidas, o nuestros destinos si se prefiere ver de ese modo, siempre habrá espacios en blanco, e indudablemente nos sentiremos vacíos. La insatisfacción provocada por haber dejado espacios en blanco en nuestras vidas es enorme, y lamentablemente hay veces que el tiempo se encarga de que sea imposible rellenar espacios del pasado. En esos casos ya no queda más que resignarse a su pérdida y seguir adelante con el siguiente espacio!

Entonces, ¿estás dispuesto a llenar tus espacios en blanco? ¿Estás dispuesto a escribir tu futuro?

Felicidad

Es increíble lo que me haces sentir…

Ya es tarde por la noche. Por la ventana se ven las tenues luces del puerto, luces que esta noche brillan de manera especial para mí… desde hace mucho tiempo que no me había sentido como ahora, con tantas ganas de escribir y de expresar, aunque sea vagamente, todo aquello que pasa por mi mente. Pienso y siento agitadamente, una deliciosa mezcla de emociones, pensamientos y sentimientos se agolpan por salir, una fuerza que viene de lo profundo que me hace desear ser otro, ser alguien mejor,  ser alguien más humano…

Y eso te lo debo a ti.

Intento hilar una frase, tratar de explicar lo que pasa por mi cabeza; pero me cuesta en extremo. Hay tantas cosas que podría decir que no sé por cual podría empezar, hay tantas sensaciones irreproducibles que ahora son parte de mis más preciados recuerdos… detalles que para mí fueron más que detalles, momentos tan breves como eternos y que se grabaron en mi mente tan fuerte que cierro mis ojos y pareciera que los estuviera volviendo a vivir… Son imágenes que pasan fugaces, verdaderas fotografías que me hacen estremecer dulcemente, cuadros de algo vivido tan real como imaginario. Y es que todo este universo de sensaciones esta en mí, en mi cabeza, en la imaginación que tú desataste y que ahora anhelo convertir en realidad… me has motivado tanto que la noche luce distinta, que mi futuro luce distinto, que mis pensamientos lucen distintos… pusiste una flor en un desierto lleno de lamentaciones y decepción, sembraste esperanza en mis sueños y me has hecho volver a girar, a dar vueltas mi espiral hacia arriba con una fuerza arrolladora que incluso podría traspasar mi cuerpo.

Mi vida se compone de momentos sencillos. Improvisados momentos que me marcan como persona, inesperadas reacciones que me hacen sentir tan bien, tan feliz en estos momentos… que siento que cada sonrisa te la debo. Cada esbozo de alegría es culpa de un gesto, de una caricia, de un suspiro que está más cercano a mi mente que a mi realidad. Sé que soy el único que siente así, he sido yo el que ha sobrevalorado algo que para otros es algo cotidiano (incluso para ti), que quizás soy un tonto al pensar de esta manera… pero es que prefiero mil y una veces ser un tonto a dejar de lado todo esto que siento por ser alguien real y frío. Si tan sólo pudieras ver la vida a través de mis ojos, y sintieras sólo una breve parte de toda esa fuerza que tú me haces sentir en estos momentos…

Deseo agradecerte todo lo que has hecho en mí. Quiero dedicarte estas líneas y muchas otras más, quiero hacerte sentir que la vida es mágica gracias a que existes, que tan sólo por ser como eres vales mucho para mí y para muchas otras personas, quiero regalarte un mundo tan hermoso como en el que me has hecho creer que estoy… Le pido a Dios que me de una oportunidad de darte lo mejor de mí, que me puedas ver por lo que realmente soy y que te sea agradable. Le pido a Dios que me regale infinitos momentos junto a ti, junto a tu sonrisa y a tu alegría; le pido a Dios que yo también pueda ser alegría para ti cuando una sonrisa te sea algo duro de lograr…

Gracias a las grandes metas que uno se va colocando en la vida, es que uno siente deseos de crecer. Hoy más que nunca deseo ofrecerte algo más de lo que soy, la fuerza que me das es indescriptible,  veo la magia de la vida en todos lados y es porque tú has hecho que vuelva a creer en ella. Desearía que este momento no acabase nunca, y que tú estuvieras aquí para regalártelo.

Gracias, te quiero.




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sin respuestas…

Hay veces en que pareciera que la vida circula mas lento. Hay veces en las que ni siquiera parece vida lo que llevas a cuestas… mas bien es un loop, una rutina interminable de sucesos que antes de que comienzen ya sabes como terminaran… no puedo ocultar la confusion por la que paso… es sentir que tanto daño he hecho que ya no deberia seguir buscando, para qué hacerlo si cada chica que me quiere un poquito mas, que es capaz de entregarme su afecto… termino haciéndola sufrir. Me da rabia conmigo mismo, cada persona que me ha llegado a querer ha derramado una lagrima por mi (o bueno eso es  lo que ellas suelen decir), pero por que no puedo ser mejor persona! Es tan triste el sentir que por mas personas que conozcas, por mas chicas que te entreguen todo, no encuentras una con la que te sientas bien, feliz, comodo… que de verdad puedas amar. Claro, es un poco adelantado hablar de amor cuando recien conoces a alguien, pero ya estoy cansado de seguir conociendo gente que solo piensa en lo mas superficial, que no sabe detenerse y hacer una pausa por aquellas cosas que muchas veces son invisibles para el ojo humano… o es que sinceramente estoy viviendo en otra dimension? no sere como una sombra que intenta hacer una vida en un mundo que no es su mundo? sere una especie de organismo que no tiene cabida en este momento del espacio-tiempo y deberia pertenecer a otro mundo? hmm me estremesco al tener este tipo de pensamientos tan autodestructivos, pero creo que nada esperanzador puede salir de mi en estos momentos… mi blog reza “otra manera de ver la vida”, acaso tendre una manera tan extraña, tan especial, tan rebuscada que nadie mas la ve como yo? hoy no puedo girar…. ni siquiera mover mi espiral. la dura roca de la realidad me aplasta abismante, deseando volver a ser alguien que no piensa, que no actua, que solo respira… siempre me he preguntado dónde van todos tus pensamientos cuando mueres, ahora tengo otra pregunta mas: que pasa con tu consciencia? donde va esa voz interior que sientes cada vez que piensas algo? como se siente que desaparezca? y si de verdad existe la vida eterna… como recordar el principio? es que acaso vamos viviendo y olvidado rapido? ni la infinidad ni el fin tienen un significado para mi, ambos me asustan hasta el punto de la desesperacion…. nunca tuve pesadillas con monstruos, sino con mi muerte o mi eternidad… y eso de niño… que loco no? a eso me referia con otra manera de mirar la vida, soy como un prisionero de su propia originalidad… una consciencia atada a un cuerpo, un cerebro empotrado en un fisico que no sabe porque ni como es que fue elegido asi, un llanto interno de alguien que esta cansado de ser protagonista de su propia vida, que a traves de sus ojos se vea el resto del mundo, que tu pensamiento sea el protagonista de tu existencia… pero pienso en dejar de existir y no puedo. pienso en existir eternamente y no puedo. no se va esa maldita sensacion de ser tan importante para mi mismo que si dejo de existir no se que pasaria con todo lo recordado, con todo lo vivido… lo mas profundo de mis pensamientos esta unido a algo que se escapa de este mundo, de esta dimension de mi nariz, de mi boca, de mis ojos, de mi cuerpo entero… porque si me toco a mi mismo mi cerebro responde como yo? porque el mundo se ve a traves de mis ojos y no a traves de los ojos de alguien mas?  cuando pequeño lloraba con todas estas preguntas, lloraba por no poder hallar una respuesta. Ahora de grande, sufro amargamente por recordar todo esto, por bloquear mi mente con estos pensamientos tan destructivos, tan infinitos… es como una enfermedad que llevas a cuestas. ni vivir ni morir son la solucion, eso es lo peor. lo unico que te ayuda es olvidar… pero solo es un bálsamo, una droga que cada vez pierde más y más su efecto…

tengo miedo. no lo puedo negar.

Despertar…

porque a este lado del mundo amanece por encima de las cumbres...
porque a este lado del mundo amanece por encima de las cumbres...

Me gusta soñar mucho. Creo que ese es un problema que hay que arreglar…
Y es que los sueños siempre han sido el motor que nos impulsa a ser mejores personas, pero lamentablemente están sólo en nuestra peluda cabeza, generalmente no se escapan de ahí y por lo mismo, muchas veces ni los puedes materializar. Ahi vienen emociones como la frustración o aun peor, un sentimiento de pérdida por algo que graciosamente, nunca has tenido. Ese es el poder de la mente, el poder de nuestros sueños… una utópica “vida” creada por nuestras mentes a modo de escape de una realidad no siempre amable con uno.

Pero creo que es hora de despertar.

He pasado mucho tiempo soñando y planeando cosas, buscando la perfección en la realidad que sólo existe entre mis pensamientos, pero que ilusión mñas inverosímil! Como llevar concepto tan ideal como la perfección a un mundo lleno de errrores como éste! Tal vez la creación fue perfecta, pero los humanos distamos mucho de compartarnos como seres perfectos. Ya es hora de despertar. El tiempo se me va buscando entre distorsiones y movimientos ovalados a aquella persona que aparece en mis sueños, la musa inspiradora que solo existe dentro de mi… Pero es hora de convencerse de que no existe y mis sueños no son mas que sueños.

Pero entonces la pregunta natural que surge es… Qué podría motivarnos ahora que intentamos dejar de lado los sueños? Bueno, supongo que la misma realidad… Dejar de ser el espectador eterno para ahora si ser el protagonista, y a partir de los hechos y las escenas en las que actuémos comenzar a construir una vida de ensueño… una vida que nos llene como personas y que nos satisfaga completamente, porque los sueños tal vez si sean lo mas real que tenemos ahora en este preciso instante, pero armar una vida en ellos es enfermizo. Su funcion es darnos una meta para avanzar y ser mejores personas, pero no entregarnos un mundo para refugiarnos e ignorar a la realidad… cosa que muchas veces si lo había pensado.

Menos sueño y mas vida… esa es mi recomendacion para los soñadores e idealistas como yo…. despertemos y hagamos una realidad que sea digna de ser un sueño!